El 29 de agosto de 1975 se promulgó la ley que nacionalizó la industria petrolera en Venezuela. Casi medio siglo después, la fecha invita a todo menos a un festejo acrílico. Toca hacer memoria crítica. ¿Qué pasó de verdad cuando el Estado asumió el control del negocio? Aquella jornada, presentada con bombos y platillos como la independencia energética definitiva, dejó costuras abiertas que todavía pagamos caro.
Una transición a la medida del capital extranjero
Crear PDVSA parecía el paso lógico. Sin embargo, la jugada nació con letra chica. Pensadores como el propio Juan Pablo Pérez Alfonzo —fundador de la OPEP— y el economista Domingo Felipe Maza Zavala no dudaron en calificar el evento como una "nacionalización chucuta". Y no les faltaba razón.
El famoso Artículo 5 de la Ley Orgánica abrió la puerta a convenios de asociación con privados. Fue un cambio de fachada. Las viejas concesionarias (Exxon, Shell, Mobil) simplemente se cambiaron de traje: firmaron contratos de asistencia técnica y comercialización. Cobraban millones por patentes, aseguraban el crudo a precio de remate y, lo mejor para ellas, se lavaban las manos ante cualquier riesgo operativo.
Por si fuera poco, la gestión diaria quedó en manos de una tecno-burocracia aislada de la realidad del país. Como bien han documentado Carlos Mendoza Potellá, Fernando Travieso y David Paravisini, esa llamada "meritocracia" funcionó como una especie de Estado dentro del Estado. En los noventa, esta misma élite le abrió de par en par las puertas a la Apertura Petrolera, internacionalizando activos para sacarle liquidez a la Nación y subsidiar los mercados del Norte.
El gran negocio de indemnizar lo que ya era nuestro
Vale la pena desmontar la quimera del "pago justo". Las concesiones vencían por ley en 1983. La Ley de Reversión de 1971 era tajante: al llegar esa fecha, pozos, refinerías y campos pasaban a ser del país sin pagar un solo centavo.
Pero nos apuramos. Al adelantar el reloj a 1975, Venezuela aceptó indemnizar por el "valor no depreciado en libros". Una locura financiera que Maza Zavala y Mendoza Potellá criticaron hasta el cansancio:
Se soltaron más de 5.000 millones de bolívares por activos súper amortizados tras cuatro décadas de explotación salvaje.
Nos hicieron pagar por chatarra. Sabiendo que se iban, las multinacionales habían recortado el mantenimiento al mínimo.
Le quitamos la pesadilla financiera a las casas matrices y nos quedamos con toda la carga operativa.
Ellas cobraron, aseguraron su suministro y nosotros pusimos la tarjeta de crédito. La verdad sea dicha: el negocio del siglo lo hicieron ellos.
Rentismo, espejismos y geopolítica
El modelo de 1975 no sirvió para transformar la economía; profundizó la adicción a la renta. Arturo Uslar Pietri se cansó de repetir que había que "sembrar el petróleo" para levantar una Venezuela productiva e independiente. Nadie lo escuchó. Llovió el dinero fácil, se arruinó al campo y el gasto público se disparó. Pérez Alfonzo no exageraba cuando llamó al crudo "el excremento del diablo". Intuía la tormenta que se nos venía encima.
En el plano geopolítico, los profesores Vladimir Adrianza y Fernando Travieso han puesto el dedo en la llaga: el diseño de 1975 buscó subordinar la política exterior venezolana a Washington. Hasta ocultaron el verdadero volumen de la Faja Petrolífera del Orinoco para que el país no usara su verdadero peso en el tablero internacional.
La urgencia de hoy: soberanía contra el asedio
Entender 1975 no es un ejercicio de nostalgia; es una necesidad urgente. Los ataques contra la estabilidad y la infraestructura del país —incluyendo la agresión del pasado 3 de enero por parte de EE.UU.— demuestran que las viejas ataduras tecnológicas siguen siendo nuestro talón de Aquiles.
¿Hacia dónde mirar ahora? Las tareas son claras:
Blindar la infraestructura: Los activos energéticos son el objetivo principal de la guerra geopolítica. Toca protegerlos.
Autonomía técnica real: Hay que cortar la dependencia de patentes gringas. Como insiste David Paravisini, la reingeniería de la industria pasa por darle el control operativo a la clase trabajadora y a los técnicos comprometidos con la patria.
Multipolaridad: Es hora de saldar la deuda histórica que señalaron Uslar Pietri y Mendoza Potellá. Debemos diversificar mercados hacia los BRICS y convertir el petróleo en la palanca que alimente la industria nacional y la producción de alimentos.
La trampa de Salto Camoruco
El 29 de agosto de 1975, mientras la prensa oficial celebraba en Salto Camoruco, las directivas de las petroleras extranjeras brindaban en privado. Sabían que sus gerentes de confianza se quedaban adentro y que los nuevos contratos les garantizaban crudo barato sin poner un dólar de inversión.
Aquel evento dejó lecciones amargas. Para defender los recursos hoy, toca mirar el pasado sin anestesia ni mitos.
¿Qué falló en aquel proceso que no nos podemos permitir repetir ahora? Tu opinión cuenta: déjanos un comentario y sumate al debate.
Fuentes y referentes consultados
Asamblea Nacional de Venezuela: Ley Orgánica que Reserva al Estado la Industria y el Comercio de los Hidrocarburos (Gaceta Oficial N.º 1.769 Extraordinario, 29/08/1975).
Pérez Alfonzo, Juan Pablo: Hundiéndonos en el excremento del diablo.
Uslar Pietri, Arturo: De una a otra Venezuela.
Maza Zavala, Domingo Felipe: Venezuela: Economía y Dependencia.
Mendoza Potellá, Carlos: La nacionalización del petróleo en Venezuela: Evaluación crítica de un proceso.
Adrianza, Vladimir: Análisis geopolítico de los recursos energéticos y la seguridad de la Nación.
Paravisini, David: Ensayos sobre reestructuración petrolera y soberanía.
Travieso, Fernando: El petróleo en la geopolítica mundial.

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