A propósito de conmemorarse hoy 24 de agosto un nuevo aniversario del nacimiento de Bartolomé Salom, toca volver a mirar hacia una figura de la Independencia que casi siempre queda en un segundo plano. Nació en Puerto Cabello en 1780. Claro que sabía disparar y sostener una espada, pero su verdadero genio estuvo en otra parte: en los papeles, en la comida que no podía faltar y en conseguir que un ejército descalzo no se desintegrara en la mitad de los Andes.
El Impacto Estratégico: Pacificación, Disciplina y Control Territorial
Salom cambió el juego en los momentos más oscuros de la guerra. Cuando el caos amenazaba con devorarlo todo, su presencia ponía orden. A mano dura si hacía falta, pero con una cabeza fría envidiable.
Ruptura del Último Bastión Imperial: Dirigió el asedio al Sitio del Callao (1824-1826) en Perú. Dos años de cerco. Cuando cayó esa fortaleza, la bandera española se plegó para siempre en América del Sur.
Pacificación y Gobernanza: Pasto era un infierno para los patriotas; una región donde el sentimiento realista no cedía. Salom fue allá, mezcló firmeza con astucia política y logró calmar las aguas en una zona clave para conectar Bogotá con Quito.
Sostenibilidad del Ejército Libertador: La tropa no come victorias, come grano. Salom entendió eso antes que nadie y evitó que la Campaña del Sur muriera de hambre.
Principales Batallas, Logros y Comandancias
Su hoja de servicio impresiona a cualquiera. Estuvo donde las papas quemaban y en las decisiones que definieron el mapa del continente:
Primeras Campañas (1811-1814): Arrancó desde el día uno como oficial de artillería en Valencia y dio la cara en la defensa inicial de Puerto Cabello.
Campaña de Guayana (1817): Pieza fundamental en la toma de Angostura. Ahí renació la República.
Batalla de Carabobo (1821): Ocupó el cargo de Jefe del Estado Mayor del Ejército Libertador. Movió las piezas y preparó el terreno para la victoria definitiva.
Campaña del Sur y Batalla de Bomboná (1822): Peleó al lado de Bolívar en los cerros andinos, soportando un clima despiadado y un enemigo que no cedía un metro.
Toma y Sitio de El Callao (1824-1826): Cercó al brigadier español José Ramón Rodil hasta sacarle la rendición en el último reducto realista del continente.
La Rectitud de un General: Aspectos Anecdóticos
Si algo caracterizó a este hombre fue una honestidad casi obsesiva. En medio de una época donde la corrupción y el saqueo eran tentaciones diarias, Salom no tocó un solo centavo que no fuera suyo. Y el propio Simón Bolívar lo sabía de sobra.
Durante el sitio de El Callao, las cosas se pusieron feas. Adentro, las enfermedades y la hambruna hacían estragos entre los españoles; afuera, las tropas republicanas desesperaban. Rodil no cedía. Cuando finalmente capitularon en enero de 1826, cualquiera habría esperado un baño de sangre o una venganza acalorada. Salom hizo todo lo contrario. Respetó la vida de los vencidos, les garantizó una salida digna y cumplió su palabra al pie de la letra. Hasta sus propios rivales tuvieron que quitarse el sombrero ante semejante postura.
Años después, con la Gran Colombia desmoronada y los viejos caudillos peleándose por el poder, prefirió retirarse a su casa en San Esteban. Ni el dinero ni los cargos lo tentaron. Vivió tranquilo en su pueblo natal hasta su muerte en 1863, lejos del ruido y de las guerras entre hermanos.
Repercusión en la Gestión de Recursos y Administración Militar
Hablar de "cadenas de suministro" o "gerencia de operaciones" en el siglo XIX suena anacrónico, pero la verdad sea dicha: eso fue exactamente lo que hizo Salom todo el tiempo.
Cadena de Suministro en Líneas Extendidas: Mandar botas, municiones y carne seca a miles de kilómetros, atravesando selvas y montañas sin carreteras, parece una locura. Salom hizo que funcionara sin radares ni camiones.
Administración de Intendencia y Transparencia: Llevaba las cuentas al centavo. Cuidaba los pertrechos con recelo y vigilaba que los recursos públicos llegaran a donde debían llegar, reduciendo las pérdidas al mínimo.
Gestión del Talento y Moral del Equipo: Mantener a miles de hombres armados, hambrientos y cansados sin que se amotinaran requiere un liderazgo real. Él lideraba con el ejemplo; si la tropa pasaba necesidades, el General comía la misma ración.
Bartolomé Salom fue mucho más que un hombre de uniforme: fue el motor invisible que sostuvo a los ejércitos de la libertad. Sin su trabajo minucioso en la trastienda, las grandes batallas habrían sido imposibles de ganar.
¿Creen que la historia le ha dado el puesto que se merece a los estrategas de la logística como Salom, o seguimos atrapados solo en el brillo de las espadas? Queremos leer lo que opinan, así que dejen su mensaje abajo en los comentarios de AYG Venezuela.

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